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Vidas modernas

Incansablemente a lo largo de la historia el hombre ha creado cual hormiga obrera clanes, comunidades, civilizaciones enteras, en una labor constante y tenaz y tras siglos de esfuerzos guerras, revoluciones y pactos estas sociedades ocupan ya casi toda la superficie de nuestro planeta.   Quizás haya sido ésta nuestra más grande obra hasta ahora, lo más significativo de nuestra especie, nuestra seña de identidad, algo intrínseco a nuestra misma condición humana. Hemos sido capaces de fabricar nuestros propios ecosistemas, paisajes artificiales donde nos sentimos seguros, espacios cívicos en los que comercio y riquezas han florecido, remansos de urbanidad donde en la Antigüedad las artes y el pensamiento aparecieron, nos iluminaron, nos guiaron, permitiéndonos desarrollar todo nuestro potencial.   Un éxito evolutivo, un logro sin duda pero ¿a qué precio lo hemos conseguido? ¿a cuántas cosas hem...

Pérdida

La vida es el constante fluir de todo aquello que nos ocurre, de todo aquello que hacemos, de todo aquello que imaginamos, desde el momento de nuestro nacimiento hasta el de nuestra muerte. Una sucesión frenética de sucesos efímeros sin derecho a una segunda oportunidad, una marcha constante quemando la tierra que dejamos detrás, explorando siempre terreno desconocido, adentrándonos a ciegas en la vasta inmensidad de un futuro que construimos al avanzar.   Y en este progreso sin fin, en este eterno retorno, cada hecho que acaece, cada palabra que escuchamos, cada acción que emprendemos, deja un poso en nosotros, una huella casi imperceptible pero indeleble que va esculpiendo y dando forma a nuestra vida y a nuestra esencia misma.   Momentos que se borran de nuestros recuerdos, pero que no se pierden en el vacío, sino que son el material del que estamos hechos, como gotas de agua en el océano, c...

Sueños de gloria.

La gloria ha estado siempre reservada para unos pocos elegidos. Guerreros, emperadores, mártires y líderes de masas. Grandes nombres que han esculpido en la historia páginas eternas y cuyas hazañas resuenan hoy con grandiosidad. Pero ¿cómo puede un hombre sencillo, en este siglo, en este país, alcanzar esa inmortalidad? Cuando ya no quedan continentes por descubrir, cuando todas las revoluciones han estallado y fracasado, cuando nuestra sociedad da muestras de decadencia que no tienen vuelta atrás. El postureo ha sustituido a la épica y los jóvenes venden su alma por un efímero me gusta, las ideas ya no cuentan y las palabras huecas suenan grotescas en boca de bufones paniaguados, la deconstrucción de todo lo que somos y conocemos ha puesto nuestro mundo del revés y ha mostrado un trasfondo ridículo, patético, vacío. Hoy en día, es difícil encontrar un camino propio en medio de esta maraña de postverdad, prop...

Algunas de las cosas que me gustan.

Nací en la huerta y por eso me gustan los limones y las naranjas, atrapar ranas en acequias caudalosas y las cañas bien largas y duras, de esas con las que se pueden hacer espadas para luchar con mi hermano, hasta que acaba llorando y mi madre me grita que le voy a sacar un ojo un día, y que entonces le tendré que dar uno de los míos para compensarle.  De los veranos en el Mediterráneo me gusta el azul turquesa, brillante, casi cegador, que te hace achinar los ojos para contemplar el mar y que una vez en él te envuelve, te traga y te suspende, en un silencio escandaloso para llegar a un estado de tranquilidad total, como una vuelta al vientre materno, el de la madre Tierra.  Viví en Francia y de allí me gustan el queso, el vino y la conversación, los tres juntos, en ese orden y siempre entre viejos amigos; me gustan los viajes en tren que terminan en una estación caótica, en Saint Lazare, bajar al andén entre la multitud, pasar por el Tabac a comprar cigarrillos y el periódico...

Mi mejor maestra.

  Seis y cuarenta y cinco de la tarde. El timbre avisa que comienza el quinto periodo del turno vespertino en el Alfonso X el Sabio. Es la primera semana de curso y aún no me he aprendido el horario. Lo miro. Toca Historia. Todavía no conozco a la profesora, es la primera clase con ella. A ver… Encarna Ríos, ni idea. De repente se forma un revuelo en el aula, un grupo de alumnos liderados por dos repetidores se ríen gesticulando con grandes aspavientos, dándose la vuelta hacia el fondo de la clase, buscando cómplices para que el jaleo vaya creciendo. Yo desde mi sitio, casi al final, no puedo ver qué está pasando. Me levanto de la silla y miro hacia la tarima. Por fin veo a la profesora y ya entiendo de qué se ríen todos. Frente a la pizarra nos mira una señora de metro y medio de altura, con el pelo blanco y corto y un remolino en la coronilla que asoma desafiante, una falda gris de tubo que le llega por debajo de las rodillas y que deja entrever unos tobillos rollizos y una chaqu...

Volviendo a casa.

Ahora que estoy haciendo las maletas para volver, tras dos añitos en el exilio americano, tengo un cosquilleo en el estómago que no es nuevo para mí. Vuelvo, pero a la vez voy, aunque mi destino sea mi tierra natal tengo la sensación de empezar algo nuevo. Atrapado en un continuo eterno retorno que, como ya advirtieron los estoicos, ha de quemar etapas para poder reinventarse. Así estoy ahora, vaciando la que ha sido nuestra casa durante dos años, tirando, vendiendo, regalando cosas. Tratando de quemar los trazos de nuestra estancia en este país, para poder reinventarme con más fuerza si cabe en  nuestro nuevo destino. Lo que viene a continuación es una reflexión que escribí cuando venía para acá. Curioseando en el ordenador la acabo de encontrar, y ¡qué casualidad! describe perfectamente cómo me siento. Reflexiones en un tren. 25/07/2012 Ya está. Aquí voy otra vez. Solo en el tren, con dos maletas muy pesadas y un nudo en el estómago que no me deja comer...